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12 d’ag. 2013

Tarta San Marcos

Buenos días,

Estamos ya en la recta final del verano, pero aún quedan unas semanitas para acabarlo de disfrutar.
Hoy quiero enseñaros una tarta que a mí me encanta, básicamente porque adoro la nata y la yema quemada.


Se trata de la tarta San Marcos, investigando estos días he descubierto que se trata de una tarta típica de Castilla y León, concretamente del convento de las Monjas de San Marcos.

Esta tarta combina bizcocho, nata y yema quemada. Existen variantes, como por ejemplo poner en el relleno mitad nata y mitad trufa o todo trufa. Eso ya lo dejamos al gusto de cada uno.
No es una tarta muy complicada, simplemente requiere paciencia. Venden moldes especiales para hacer esta tarta, son aros de diámetro regulable. Como yo no lo tengo utilicé la anilla de un molde desmontable. Lo primero es poner un bizcocho en la base.


Si os gusta se puede mojar el bizcocho en almíbar, yo no lo hice porque el bizcocho era bastante delgadito y pensé que no le hacía falta. Encima del bizcocho ponemos una capa muy generosa de nata montada azucarada.

Mi mayor preocupación era que la nata no fuese lo suficientemente firme para aguantar el bizcocho que iba encima, pero descubrí un truquito: leche en polvo. Para esta receta utilicé nata fresca (que tiene un sabor buenísimo) y quería algo que no le variase el sabor, así que mientras la montaba le fui añadiendo poco a poco leche en polvo (50g por cada litro de nata) y una vez montada añadí el azúcar. El resultado fue genial, la leche potencia el sabor de la nata y hace que quede muy firme.
Una vez puesta la nata ponemos la otra capa de bizcocho y lo cubrimos con la yema fría.


Espolvoreamos generosamente con azúcar y lo quemamos con el soplete. Lo dejamos enfriar un poco y después lo ponemos en el congelador. Yo lo hice el día anterior y lo tuve toda la noche en el congelador.


Un par de horas antes de consumirlo lo pasé a la nevera para que se descongelase, pero casi mejor dejarlo tres horas porque cuando lo cortamos el centro aún estaba demasiado frío. Para desmoldar basta con pasar un cuchillo alrededor del aro y quitarlo.


Fue un postre buenísimo, la nata tenía muchísimo sabor y como no la hice muy dulce combinaba genial con la yema quemada de encima.

La nata tenía un sabor buenísimo y una vez estuvo descongelado del todo aguantó perfectamente el peso del bizcocho superior.
Espero que os guste.

Un abrazo.